Que duda cabe, HidroAysén desde hace rato ha sido el tema de moda, los usuarios de las redes sociales lo enarbolan a diario como tema de debate aunque normalmente con más pasión que argumentos técnicos sólidos. Miles han salido a la calle a manifestar su reprobación (usualmente terminando a palos y piedras con los pacos y dejando la cagá en la vía pública) contra esta verdadera encarnación del mal que a estas alturas parece ser este proyecto.
A mi juicio el caso de HidroAysén es más interesante política y socialmente que incluso en el plano de lo estrictamente técnico ambiental.
Mirando desde el punto de vista social
Súbitamente para muchos de la manga de ecologistas part-time que al igual que el caso Barrancones, suelen reproducirse como Gremlins en instancias como esta, resulta que pareciera que para dejarlos a todos contentos, ahora pretenden que la energía la saquemos del sombrero de un mago. Dicen entender que se necesita la energía, pero ninguno de los métodos de generación pareciera gustarles, peor aun, no hacen ninguna propuesta técnica elaborada, solo vociferan por energía renovable no convencional sin hacer ni delinear ninguna alternativa seria y viable.
Seamos claros, echar la foca contra HidroAysén ya se convirtió en una postura mainstream, y cuando el mainstream ya está instalado, siempre termina por captar a la gallá para sumarse a la tendencia mayoritaria, incluso cuando dicha gallá no tiene cresta idea de lo que se trata, o peor aun, cuando ha formado su opinión a través del resultado comunicacional que indica que hay que oponerse cierta weá, simplemente se dice que la weá es mala, porque destruye el medioambiente, porque un puñado de giles de forra –aun más- en plata, o simplemente porque hay que huevear por algo.
No me malentiendan, respeto a los ecologistas, pero a los ecologistas de verdad, no a la manga de aparecidos que reclaman sin entender media palabra respecto de la causa que dicen defender.
Pero cuidado! Aquí hay una verdadera ensalada rusa de temas revueltos y pocos así lo entienden. Quién crea que toda esta escandalera de protestas y reclamos es solo por HidroAysén y por la destrucción de un pedazo de la Patagonia que casi ninguno de los giles que protesta se ha tomado la molestia siquiera de conocer, es que está muy perdido y no cacha nada.
Acá a mi juicio hay algo de fondo, este movimiento global no es solo por HidroAysén, pienso que más bien eso es solo el detonante para mover fuerzas y descontentos que son mucho más profundos, y que tienen que ver más con un malestar hacia el sistema social imperante que contra una simple hidroeléctrica, como muchas que ya existen, y como muchas otras que a pesar de los ecologistas seguirán existiendo.
Insisto en pensar que el problema es más profundo y menos simplón de lo que muchos ven, la sociedad en el mundo en general ha estado dando muestras de lo que los siúticos llaman “empoderamiento”, España con la protesta de los indignados, Egipto sacando a Mubarak del poder. Esto va más allá de tendencias políticas particulares o grupos de poder, de hecho en Chile claramente la clase política, particularmente la Concertación, no ha podido sacar provecho de esta expresión ciudadana, es más, la misma ciudadanía opta por mantenerse lejos de la influencia político partidista, muestra de ello es la escuálida aprobación que tienen hoy en Chile las coaliciones políticas tanto de derecha como de izquierda.
Será el inicio de un movimiento que reestructure a gran escala el funcionamiento de nuestra sociedad o solo será un berrinche? Solo la aparición de gente inteligente y preparada que encauce correctamente estas fuerzas y el tiempo lo dirán.
Mirando desde el punto de vista político
Acá la cosa está color de hormiga para los inquilinos de La Moneda. Piñera a mi juicio cometió un garrafal error previo por buscar complacer a la gallá vociferante en el caso Barrancones, allí mediante el recordado telefonazo utilizó la discrecionalidad para trasladar dicha termoeléctrica desde Punta de Choros, es por eso que hoy la gallá espera que haga algo similar con HidroAysén, el problema es que desde el gobierno han tratado de vender la pescá con el discurso de “respetar la institucionalidad”, pero resulta obvio que Piñera ahora no se puede refugiar en ese discurso, pues la institucionalidad a la que ahora apelan, él mismo ya la se la pasó por el culo anteriormente.
El aprieto político para el presidente-inversionista y sus boys no es menor, con un bajísimo porcentaje de aprobación en las encuestas que es para ponerse a llorar a gritos, con minoría de votos tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, y con una oposición creciente, que para colmo de males no está encarnada en su rival político, la Concertación, sino que en la propia ciudadanía. Si el amable lector no me cree, lo invito a mirar las encuestas, la oposición al gobierno es mucho mayor que la aprobación de la Concertación (que está tanto o más cagada que el mismo gobierno). En este contexto la tentación para Piñera de hacer una movida populista y sacar un conejo del sombrero suspendiendo HidroAysén debe ser demasiado grande. Aunque todos digan lo contrario los gobiernos viven de su popularidad, así como la TV vive del rating, y este gobierno en ese apartado necesita urgentemente un respirador artificial.
La poca prolijidad política como Hinzpeter declarando que le parece necesaria la aprobación de HidroAysén horas antes que los seremis, de los cuales él como Ministro del Interior es jefe voten el proyecto es impresentable. Escasa coherencia en el discurso como el caso de Piñera con su actuación pa’ la galucha en al caso Barrancones, misma que hoy lo tiene amarrado, sospechas de poca rigurosidad en la evaluación técnica del proyecto, y una concertación atacando agresivamente incluso olvidando el monumental tejado de vidrio que en materia ambiental sus gobiernos pasados tienen.
Todo esto configura un muy poco sexy panorama para un gobierno que se suponía de excelencia, que nos ofreció una “nueva forma de gobernar”, pues bien, hasta el momento estamos presenciando “la misma forma de siempre de gobernar”, y convengamos que para hacer las cosas como siempre, es decir mediocremente, la Concertación tiene por lejos mucho más know how.
Saludos.
V